‘No queremos indonesios aquí. No queremos pertenecer a la República Indonesia.En mayo asesinaron a machetazos a mi mejor amigo, en abril a otro, y en marzo...'. Arsenio Gonçalves muestra una enorme cicatriz en su brazo izquierdo a la altura de los bíceps. ‘A mí también quisieron matarme pero yo sé cuidarme'. Arsenio viste abrigo azul con símbolos de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Timor Oriental (FALINTIL), un abrigo exagerado para el calor tropical que hace en esta latitud ecuatorial: ‘Así puedo llevar mi pistola sin que nadie lo note, y si hay que utilizarla, se utiliza', dice Arsenio.
Dili, la capital de Timor Oriental, ha sido estos días un ajetreo de vehículos con banderas rojas y blancas, la indonesia, y símbolos revolucionarios y católicos, los del bandon independentista. En el referéndum, cuya celebración estaba fijada para este lunes 30 de agosto, los timorenses debían elegir entre una autonomía especial dentro de la vasta República Indonesia o la independencia total, y los dos bandos, enfrentados en una lucha fratricida desde hace casi veinticinco años, han hecho campaña al modo tradicional: a machetazos.
Pero llegar a la celebración del referéndum no ha sido tarea sencilla. Durante dos meses las fuerzas de UNAMET (Misión de las Naciones Unidas para Timor Oriental) han vigilado la elaboración del censo de los isleños habilitados para la votación. El resultado ha sido de unos 450.000, pero las presiones de los milicianos proindonesios por inflar las cifras de sus partidarios y por atemorizar a los independentistas, llegando incluso a matarlos, ha hecho de este trabajo una tarea titánica.
La región cafetera de Liquisa, feudo de los paramilitares del BMP (Besi Merah Puti, los colores de la bandera indonesia) ha sido escenario de las peores matanzas de los últimos tiempos. ‘En el lago de Liquisa arrojan los cadáveres para que los cocodrilos los hagan desaparecer', prosigue Arsenio. ‘Cada día nos llegan noticias de secuestros y asesinatos, pero rara vez llegamos a verlos'. El último caso fue el de un joven de apenas 20 años al que, con la reticente ayuda de la policía indonesia, consiguieron liberar después de varios días de tortura.
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Francisco y María Pérez Iribarne son los dos únicos españoles emplazados en esta área, tal vez la más peligrosa del país. Además, otros seis españoles (cuatro policías nacionales y dos guardias civiles) han efectuado labores de vigilancia y supervisión del censo y de la campaña previa al referéndum. ‘Las casas que no tienen la bandera roja y blanca en la puerta son quemadas y los habitantes huyen para evitar la muerte', cuenta María, veterana ya en misiones de Naciones Unidas.
‘Esta ha sido la misión más difícil, en la que encontramos más
resistencia entre la gente; notamos que no nos quieren y nos han amenazado de muerte. De hecho dormimos vestidos por si en plena noche tenemos que salir corriendo'
Sin embargo, a pesar de la ola de terror que han desatado los partidarios de la integración con Indonesia, se estima que el voto del 90 por 100 de la población de Timor se decantaría a favor de la independencia. Basilio Araujo, portavoz de uno de los grupos prointegración, avisa: ‘si alguien intenta bajar alguna bandera indonesia, iremos a la guerra'.
Timor posee un amplio potencial turístico, con extensas playas vírgenes y está situada sobre un gran yacimiento de petróleo y gas natural, motivos más que sobrados para hacerla muy apetitosa no sólo para Indonesia. El interés de la potencia vecina, Australia, es evidente y su presencia en la zona es notable; por si fuera poco, en medios australianos se rumoreaba que Estados Unidos enviaría hasta 15.000 soldados para vigilar el normal transcurso del día después del referéndum.
‘Hello, mister', me saluda un grupo de jóvenes con aspecto indonesio. ‘¿Cómo se llama usted?', prosiguen con su habitual ritual de cortesía. ‘Mi nombre es Emilio Ximenes', grita uno entre carcajadas, ‘el mío Xanana Gusmao', dice otro y todos estallan en una tremenda risotada. Son milicianos indonesios y están de broma. José Alexander ‘Xanana' Gusmao es el líder de la oposición y lleva veinte años en una prisión de Yakarta por encabezar la rebelión del pueblo timorense. Su nombre es un mito entre los independentistas, su imagen, vestido a lo Che Guevara, encabeza cualquier manifestación y todos le consideran el presidente honorario de un país que no existe. Emilio Ximenes, por su parte, no es otro que Carlos Emilio Ximenes Belo, premio nobel de la paz en 1996 junto al exiliado José Ramos Horta por liderar la oposición pacífica a la invasión indonesia.
‘Lo que está claro es que ninguna de las partes va a aceptar de buen grado el resultado del referéndum, y yo prefiero que me pille lejos de Timor', comenta Rodolfo Mira, un policía argentino que patrulla como miembro de la UNAMET una isla cercana. De hecho, el gobernador de la isla, Abilio José Osorio, asegura que incluso aunque la mayoría de la población votase a favor de la independencia, esto no les asegura que se les vaya a conceder. Medios australianos aseguran que en algunos campos de acogida los militares indonesios han adiestrado a refugiados para que voten por la integración.
Domingo Soares es el líder de los milicianos de la región de Liquisa. Sus hombres, machete en mano, recorren los caminos que llevan de un poblado a otro entre cafetales, la principal riqueza de la isla. ‘Durante años, las potencias extranjeras han prometido ayudas pero nunca han aparecido por aquí', comenta. El espectáculo de los milicianos en el monte es pavoroso: con machetes de más de medio metro, lo mismo cortan matas de café que los cuellos de sus enemigos. Muchos no entienden la diferencia que supone la integración o la independencia, pero han sido adiestrados por los indonesios y los descendientes de los portugueses, quienes juegan así con sus ancestrales odios tribales para utilizarlos como puntas de lanza.
El ambiente en la isla de Timor presagia el nacimiento de una nueva nación. Todo anuncia una fiesta cercana, la emoción contenida de las ancianas al escuchar el himno nacional, el recuerdo de los miles de víctimas y la mezcla de fervor religioso y de fe católica.
Queda en el aire saber si el gobierno de Yakarta aceptará el resultado del referéndum en el caso de que triunfe la independencia y, sobre todo, la capacidad del pueblo timorense por convertirse en país. ‘Este es mi sobrino', cuenta Arsenio Gonçalves señalando a un chiquillo de cinco años.'Lleva el nombre de dos grandes luchadores por la libertad, Clinton Che Guevara'.
Historia reciente de Timor
El ejército indonesio invadió la parte oriental de la isla de Timor en 1976, después de la descolonización efectuada por Portugal tras la ‘Revolución de los Claveles'. Entre la salida de los portugueses y la invasión indonesia transcurrieron tan sólo algunas semanas, tiempo durante el cual gobernó el FALINTIL, un partido de orientación marxista entonces y guerrilla de resistencia independentista ahora. Con la llegada de las tropas de Suharto, sus líderes fueron encarcelados y comenzó una lucha que dura hasta hoy. Desde entonces, tanto la ONU como el mismo gobierno luso han presionado para que esta isla no engrose la lista de vulneración de los derechos humanos.
Durante años, desde la invasión indonesia de 1976, la isla estuvo cerrada a los extranjeros y el ejército de ocupación, a las órdenes del general Suharto, dio rienda suelta a una auténtica carnicería entre los independentistas timorenses. Las presiones de los países industrializados, las continuas vulneraciones de los derechos humanos y la constante sangría de vidas, entre 200.000 y 300.000 víctimas y al menos 60.000 refugiados, según diversas estimaciones, obligaron al gobierno de Yakarta a plegarse a los deseos del pueblo timorense de decidir sobre su propio futuro.
Ya en los últimos tiempos del general Suharto, el anciano dictador declaró que estaba ‘harto de aquel pedregal', en referencia a Timor. El actual presidente de Indonesia, Yusuf Habibie, parece dispuesto a desembarazarse de la isla, y la vencedora enlos últimos comicios generales de junio, y previsible primera ministra, Megawati Sukarnoputri, se ha mostrado conciliadora y asegura que quiere evitar a toda costa los sangrientos episodios de los años 70 y 80. Pero la reconversión de los miembros del ejército indonesio emplazado en Timor como policías locales y la escasa voluntad en reprimir las violentas acciones de los paramilitares, con los que se los relaciona frecuentemente, restan credibilidad a las declaraciones. ....